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martes, 24 de abril de 2018

'El truco del almendruco’


¿Queréis saber como consiguió Hitler acabar con el paro que en 1930 era de 6 millones?

a.Expulsó del mercado laboral, y de las estadísticas, a 3 millones de mujeres. A casa a tener críos. Era para lo que servían según Hitler. las 3 Ks : Kinder, Küche, Kirche...niños,cocina e iglesia.

b.Inscribió en el registro a 4 millones de trabajadores que no estaban inscritos previamente. La mayoría de ellos autónomos o granjeros.

c.Comenzó a contabilizar los trabajos a tiempo parcial como trabajos a tiempo completo. ¿Os suena de algo, por cierto?

d.Creó el Servicio Voluntario de empleo en el que, de facto, era obligatorio inscribirse, podías elegir entre aceptar cualquier trabajo por cualquier sueldo en cualquier lugar o pasar una temporada en un campo de concentración. 

e.Se recortaron las horas en algunos trabajos. Se recortaron más los sueldos. Objetivo: poder decir que estaba creando empleo. ¿Os suena?

f. Naturalmente Hitler tardó poco en pasarse por el forro sus propias leyes. De media, en 1933 se trabajaban 43 horas semanales. En 1939, 49.

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Si eres unx de esos que todavía se cree que Hitler 'cosas buenas' (como Franco con los pantanos), lo expuesto en la aclaración de arriba ampliada en estos tweets http://www.publico.es/tremending/2017/05/27/twitter-un-tuitero-desmonta-siete-creencias-sobre-hitler-es-importante-leer-para-evitar-el-ridiculo/

jueves, 19 de abril de 2018

Adolf Hitler es condenado a cinco años de cárcel por alta traición




Adolf Hitler es condenado a cinco años de cárcel por alta traición, al intentar deponer por la fuerza al Gobierno bávaro.


En la noche del 8 de noviembre de 1923, Hitler y los camisas pardas irrumpieron en una reunión pública liderada por Kahr en el Bürgerbräukeller, una cervecería a las afueras de Múnich. Hitler proclamó una revolución y anunció sus intenciones de formar un nuevo gobierno, junto a Ludendorff, quien no estaba enterado del golpe,44 Antes de iniciar su "Marcha sobre Berlín", que derrocaría al gobierno nacional, Hitler reclamó la ayuda de Kahr y de las fuerzas militares locales. Éste último fingió ayudar a Hitler, pero, gracias a la ingenuidad de Ludendorff, escapó en cuanto pudo y retomó el control regional.
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Al amanecer del 9 de noviembre, el Ejército y la policía bávara estaban tomando posiciones contra los golpistas; Ernst Röhm y sus tropas nazis se encontraban rodeados en el Ministerio de Guerra bávaro, y Hitler decidió marchar junto con Ludendorff para liberarlos. El anciano comandante alemán había convencido a Hitler de que los soldados y la policía no dispararían contra él, y que se unirían a su causa. No obstante, la policía no se replegó ante Ludendorff y se inició un tiroteo. Dieciséis miembros del NSDAP murieron durante la refriega, pero Hitler escapó únicamente con un hombro dislocado. Hitler se escondió en la casa de Ernst Hanfstaengl, y pensó en el suicidio.
Fue arrestado dos días después, acusado de alta traición. Alfred Rosenberg se convirtió temporalmente en el líder del partido. Según Joachim Fest, esta subversión fracasada marcó uno de los grandes hitos en la vida de Hitler, pues con ella habría finalizado su aprendizaje y se habría dado paso a su verdadera entrada en la política.
Su juicio, atrajo atención internacional, y le proporcionó una plataforma política para anunciar su movimiento. Durante su juicio, que se inició el 26 de febrero de 1924, Hitler recibió tiempo casi ilimitado para hablar, lo que hizo que su popularidad creciera debido a su poderoso y convincente discurso nacionalista. A diferencia de los participantes del golpe de Kapp, Hitler asumió la responsabilidad de la intentona golpista, pero negó haber cometido un crimen: "...Solamente yo cargo la responsabilidad. Pero no soy un criminal por eso. Si hoy me presento aquí como un revolucionario, es como un revolucionario en contra de la revolución. No existe la alta traición contra los traidores de 1918..."
El 1 de abril de 1924, Hitler fue sentenciado a 5 años de prisión en la fortaleza de Landsberg, aunque la Constitución estipulaba cadena perpetua contra crímenes de este tipo. Hitler recibió un trato privilegiado de los guardias y pudo recibir cartas y visitas de sus admiradores.Fue absuelto y liberado el 20 de diciembre de ese mismo año, como parte de una amnistía masiva hacia prisioneros políticos. En total, solo cumplió nueve meses de su condena.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Nueva sección

La semana que viene pondré en marcha una nueva sección en el blog: "Historia y Humor" donde con dosis de originalidad y un poco de mala leche (pero siempre intentando no pasarnos en ciertos temas) volcaremos en un lugar del blog muchas imágenes y curiosidades con un toque de humor (algunas cosas tienen más gracia que otras, es cuestión de gustos) relacionadas con la Historia Contemporánea.


Se admiten colaboraciones


Aquí un avance:






miércoles, 8 de noviembre de 2017

Lo que da de sí la Revolución Francesa


La Revolución Francesa seguramente estaría en el 'TOP TEN' de los acontecimientos de la Historia, en sí misma es un tema que da para horas, ha dado para series, películas, libros...etc. Muchas cosas que nos suenan de Francia o de Europa vienen de esos años convulsos. Todas las hemos comentado en clase, algunas las estudiaremos pero aquí os he recopilado algunas.


¿Sabías que la guillotina se inventó por causas humanitarias?


En 1789 el médico y diputado en la Asamblea Nacional, Dr. Joseph-Ignace Guillotin, presentó un artefacto que servía para cortar la cabeza a los condenados a muerte.
Se había inspirado en modelos ya existentes en otros países que tenían el fallo de no realizar un corte limpio en la primera caída de la cuchilla, lo que provocaba un sufrimiento prolongado al ejecutado.

Hasta entonces en Francia se había estado utilizando el método tradicional para cortar la cabeza: un verdugo con un hacha. Pero éste se encontraba con el mismo problema anterior; hasta rebanar por completo la cabeza tenía que asestar varios hachazos.
Con este nuevo dispositivo (bautizado como ‘guillotina‘ en honor a su inventor) la cuchilla caía rápidamente y la cortaba al instante, evitando así sufrimientos innecesarios y prolongados al condenado que lo único que provocaba era excitar a la muchedumbre allí reunida, ávida de espectáculos sangrientos.

El "invento" también tenia su lado social puesto que anteriormente el hacha o la espada para cortar la cabeza era menos sufrido para el condenado y era un privilegio (vaya suerte) para nobles, reyes o miembros importantes de la sociedad y la horca era para los plebeyos, quí el ahorcado tardaba varios segundo en morir ahogado y el sufrimiento era más prolongado, así que la guillotina igualo este asunto.

¿Quieres saber más?...pues en este tutorial  del tema te doy más datos







"La Marsellesa" y la bandera tricolor

El actual himno francés, conocido como La Marsellesa, fue escrito y compuesto el 25 de abril de 1792 por el poeta, músico y capitán de ingenieros Joseph Rouget de Lisle, destinado en el batallón "Enfants de la patrie" de Estrasburgo. Cinco días antes, el 20 de abril, se había proclamado en París la guerra contra Austria. El día 24, cuando el alcalde de Estrasburgo supo la noticia, convocó a varios oficiales, entre ellos a Rouget de Lisle. Durante la reunión, el alcalde le pidió que compusiera un himno patriótico para el ejército del Rhin.

Rouget se puso manos a la obra, inspirándose para la letra en un cartel que había visto en la calle con la proclama Aux armes, citoyens! ("¡Ciudadanos, a las armas!"). Tituló su himno Canto de guerra para el ejército del Rhin. Los soldados lo aprendieron y difundieron rápidamente por todo el país.

En julio de 1792, voluntarios marselleses que marchaban hacia París lo entonaron al entrar en la capital; de ahí viene su nombre. La Marsellesa, el primer himno que no nombra a Dios, fue prohibido durante la etapa del Imperio y la Restauración y rehabilitado por la Revolución de 1830. Fue oficialmente consagrado como himno nacional francés en 1958.


Bandera francesa

De Izquierdas o de derechas

Al parecer sucedió en Versalles. Los políticos estaban debatiendo sobre el derecho a veto del Rey en las decisiones que tomase la Asamblea y surgieron tres grupos. Uno que estaba a favor que el monarca pudiera tumbar las decisiones de la Asamblea. Otro que estaba en contra y que contemplaba la opción del veto suspendido, que impedía al Rey derogar las decisiones de la Asamblea durante una o más legislaturas. Y, por último, un grupo de indecisos.

En dicha asamblea la situación fue esta:

– A la izquierda del presidente se sentaron los partidarios de una nueva constitución. Entre ellos estaba, desde el primer día, Robespierre. Estos eran partidarios del veto nulo o suspendido, es decir, de impedir que el Rey pudiera tumbar las decisiones de la Asamblea.
– En el centro de la Asamblea se situaron los indecisos (o moderados, según otras publicaciones). Estos no tenían una postura definida en torno al papel del Rey.
– A la derecha del presidente se situaron los defensores del poder real. Estaban a favor de que el monarca pudiera vetar las decisiones de la Asamblea Nacional. Este grupo lo formaron absolutistas convencidos, gente de la Nobleza y el clero principalmente.
Ese parece ser el origen del concepto político de izquierdas y derechas

Y ahora os presento 3 historias curiosas, durante muchos alos leyendas urbanas y hoy en día parece ser que demostradas cientificamente

1.ADN de Luis XVI, en una calabaza (Noticia de 2010)

  La calabaza muestra los retratos de varios protagonistas de la revolución francesa, como George Danton, Maximilien Robespierre, Camilla Desmoulins, Louis¿Sébastien Mercier, Jean Paul Marat, la reina Maria Antonieta o el propio Luis XVI.
El 21 de enero de 1793, el rey de Francia Luis XVI fue ejecutado en la guillotina por conspirar contra la libertad de la nación y tras un intento de fuga. Según las crónicas que se conservan de la época, fueron muchos los ciudadanos que subieron al cadalso a mojar sus pañuelos en la sangre del monarca para tener un recuerdo del histórico acontecimiento.

Un equipo de investigadores del CSIC ha recuperado el ADN de la supuesta sangre del monarca, conservada dentro de una calabaza y en posesión de una familia de Bolonia desde hacía más de un siglo.


Aunque del pañuelo no se conservan restos, los científicos sí han podido analizar la sustancia marrón que durante años ha permanecido dentro de esta  calabaza.
La calabaza está valorada en 2 millones de euros
La calabaza, decorada con técnica pirográfica, lleva en posesión de una familia de Bolonia desde hace más de un siglo. El objeto, valorado en 2 millones de euros, muestra los retratos de varios protagonistas de la revolución francesa, como George Danton, Maximilien Robespierre, Camilla Desmoulins, Louis-Sébastien Mercier, Jean Paul Marat, la reina Maria Antonieta o el propio Luis XVI.

2-La cabeza del primer rey Borbón, reencontrada tras siglos de tribulaciones

Dos vistas laterales de la reliquia. | BMJ

 La cabeza del rey Enrique IV de Francia y III de Navarra, el primer rey de la Casa de Borbón, volverá a descansar en la basílica de los monarcas galos. Un equipo de científicos franceses ha autentificado la reliquia, profanada durante la Revolución Francesa y reencontrada en 2008 en la casa de un jubilado.

El monarca  fue asesinado en 1610  y enterrado en la basílica de Saint-Denis, donde descansan los reyes de Francia.

En 1793, en plena Revolución Francesa, los revolucionarios abrieron su tumba. Guillotinaron a la monia y el cuerpo fue arrojado a una fosa común con otros ¿Y qué pasó con la cabeza?...pues no se sabe, pero en 2008 apareció en casa de un jubilado de 84 años que la guardaba en secreto desde 1955

3-LUIS XVII y su corazón

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El 8 de junio de 1795 murió en la prisión del Temple de París un niño de apenas diez años.


Eso no habría sido noticia, pero su nombre era Luis XVII, hijo de los fallecidos reyes Luis XVI y María Antonieta. Philipe-Jean Pelletan fue el médico encargado de hacerle la autopsia. En secreto extrajo el corazón del difunto niño y lo guardó. En el año 2000 se le hicieron pruebas de ADN que confirmaron su autenticidad y en el año 2004 fue enterrado con el resto de los reyes de Francia en la Abadía de Saint-Denis.


Con el entierro del corazón de Luis XVII se sepultan todos los misterios sobre su muerte, así como el rumor de que había conseguido salir vivo de la cárcel y que permitió a un total de 101 impostores hacerse pasar por el hijo de Luis XVI y María Antonieta y como heredero legítimo del trono de Francia.


-Sacado de:

*Cosecha propia
*http://www.abc.es
*https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/92599
*http://www.elmundo.es/
*http://www.rtve.es
*http://lahistoriaqueconteamisalumnos.blogspot.com.es

viernes, 20 de octubre de 2017

Bingo Revolucionario

Una idea encontrada en Internet. Después del Tema 3 y para repasar podemos jugar al bingo ¿Qué os parece?😉

lunes, 1 de mayo de 2017

1 de Mayo y ¿Visita a los refugios?


Hoy es fiesta, hoy no hay clase y aunque en el aula lo hemos dicho alguna vez durante el tema de la Revolución Industrial, os recuerdo la razón, por ahora como estudiantes y en el futuro como trabajadores/as


"¡Un día de rebelión, no de descanso! Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación. Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzar a disfrutar ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos dé la gana"
Texto de la octavilla del 1 de mayo de 1885 en Chicago.

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Y como segundo tema...¿Visita a los refugios?: frío,lluvia y churros en todo caso.



miércoles, 29 de marzo de 2017

Los pronunciamientos en la España del XIX

La presencia militar en la vida política española del siglo XIX obedece a un conjunto de causas. Las guerras carlistas dieron un gran protagonismo a los militares. Se convirtieron en elementos imprescindibles para establecer el nuevo sistema político liberal, habida cuenta de la debilidad de la burguesía y el escaso cuando no nulo apoyo popular hacia el cambio político. Los generales, conocidos popularmente como “espadones”, fueron conscientes de su importancia, encontrando en los dos grandes partidos políticos, el moderado y el progresista, así como luego en la Unión Liberal, un lugar destacado, ya que terminaron por liderarlos en muchos momentos. Recordemos la trascendencia histórica de nombres como Espartero, Narváez, O’Donnell, Serrano o Prim.


El pronunciamiento vendría a ser una sublevación o rebeldía militar que busca el apoyo de las fuerzas armadas o de un sector de las mismas, de los partidos y facciones políticas y, por fin, de la opinión pública en la España del siglo XIX. El pronunciamiento pretende la conquista del poder o una rectificación de la línea política del gobierno de turno. Los pronunciamientos solían ser incruentos, con una acción militar indirecta. El pronunciamiento se desarrollaba en diferentes fases. En primer lugar nacía como complot militar y civil, ya que la presencia de civiles siempre fue muy destacada en los pronunciamientos. Una vez que se había puesto en marcha se solía sondear a otros militares para que se comprometieran. Otro aspecto importante era el manifiesto, declaración o “grito”, que era el programa donde los que se “pronunciaban” anunciaban sus intenciones, de ahí el nombre de este tipo de sublevación. Por fin, se daba la acción, que solía consistir además de la presentación de ese programa, en la presión más o menos indirecta al gobierno con amenazas veladas, o conquistando directamente el poder. Aunque no solía haber baños de sangre se trataba de un acto violento para acceder al poder frente al mecanismo electoral, aunque éste estuviera muy viciado.
El término de pronunciamiento surgió cuando Riego se pronunció en Cabezas de San Juan contra el régimen absolutista restaurado de Fernando VII en 1820, aunque no sería el primer pronunciamiento, ya que seguramente fue el del general absolutista Elío en 1814. En el Sexenio Absolutista proliferaron los pronunciamientos de signo liberal: Espoz y Mina en 1814, Díaz Porlier (1815), Richart (1816), o el Lacy y Milans del Bosch en 1817, todos ellos fallidos hasta el de Riego. Instaurado el Trienio Liberal, el nuevo régimen se vio atacado por pronunciamientos de signo absolutista, como el de la Guardia Real en el verano de 1822 en Madrid, aunque abundó más el fenómeno de las partidas rurales, precedente del comienzo de la futura guerra carlista. La restauración absolutista a partir de la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis inauguró la Década Absolutista. En esa época hay que destacar el pronunciamiento liberal del coronel Valdés en 1824, los de signo absolutista de Bessières y Capapé en ese mismo año, y sobre todo el liberal de Torrijos en 1831.
La época del Estatuto Real, a partir de 1834, vivió una gran inestabilidad política con pronunciamientos progresistas como los del teniente Cordero y de Quesada  en 1835, desembocando en el motín de los sargentos de la Granja en agosto de 1836, que liquidaría este régimen, restableciendo la Constitución de 1812. La reina gobernadora María Cristina terminaría su Regencia por la combinación de la presión militar con la civil, subiendo al poder el general Espartero, liberal progresista pero de marcado carácter populista y autoritario. Durante su Regencia se pronunciaron O’Donnell, Concha, Narváez y Diego de León en septiembre de 1841. Espartero caería en 1843, teniendo un gran protagonismo en este desenlace la Orden Militar Española.
Los progresistas recurrieron a los pronunciamientos para intentar conquistar el poder durante el monopolio que los moderados hicieron del mismo en la conocida como Década Moderada en el período inicial del reinado efectivo de Isabel II. Al final, el pronunciamiento de O’Donnell y Dulce, conocido como la Vicalvarada (1854), terminó con el domino moderado y permitió el acceso de los progresistas al gobierno, que lo conservarían durante el Bienio Progresista. Este pronunciamiento puede ser considerado como paradigmático por la clara combinación de elementos militares y civiles, con un programa condensado en el Manifiesto de Manzanares y gran apoyo de la opinión pública, cansada de una larga etapa de gobiernos moderados.
La época de la Unión Liberal sería la más tranquila en lo que se refiere a pronunciamientos, a excepción del acontecido en San Carlos de la Rápita en 1860. Pero la etapa final del reinado de Isabel II resucitó la inestabilidad y se dieron muchos pronunciamientos, teniendo Prim un destacado protagonismo en los mismos.
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El pronunciamiento supuso un ejemplo de lo que se conoce como pretorianismo, es decir, injerencia del ejército en la vida política interior de un estado empleando su fuerza en beneficio de una facción o partido político. Pero con el tiempo fue creciendo la autonomía militar respecto a las opciones políticas, ganando el militarismo, que terminó impregnando al Estado y a la sociedad.  Efectivamente, el cambio comenzó a gestarse en el Sexenio Democrático. La inestabilidad política con dos regímenes –Monarquía democrática de Amadeo I y Primera República-, las guerras de Cuba y la tercera carlista, y el ímpetu del movimiento obrero y del cantonalismo generó en los cuarteles una nueva opción que pasaba por la defensa de los intereses corporativos de la oficialidad, alejándose de las opciones partidistas. Esta autonomía hacia los partidos y opciones políticas terminaría por triunfar en el sistema canovista de la Restauración. Este nuevo régimen nació por el pronunciamiento de Martínez Campos a finales de 1874, el último gran pronunciamiento del siglo XIX, pero sin la participación de Cánovas del Castillo. El político malagueño no quería que la Monarquía se restaurase de esta forma y tuvo que aceptar los hechos consumados. Los intentos de pronunciamiento de signo más progresista, impulsados por el eterno conspirador republicano que fue Ruiz Zorrilla contra la Monarquía, fueron fracasos rotundos desde el primer momento. Cánovas hizo un esfuerzo para que los militares se mantuviesen al margen del fragor político con evidente éxito, pero el Desastre de 1898 trastocaría esta situación y generaría, junto con otros factores, un creciente militarismo.

Eduardo Montagut 13 de Octubre de 2015

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 de Marzo

El día de la mujer no es una celebración, conmemora un evento sangriento 

 
146 trabajadoras textiles fallecieron en un incendio debido a las quemaduras, los derrumbes y la inhalación de humo. Algunas se suicidaron al no ver escapatoria. Cuando se conmemora el Día de la Mujer, algunos lo hacen pensando que es una especie de celebración alegre. 

Sin embargo, el verdadero origen dista mucho de ser un motivo para sonreír o inflar globos. Lo que sucedió hace un poco más de 100 años es realmente terrible. Hoy lo podemos recordar pensando que esas injusticias quedaron atrás, pero lo cierto es que aún después de tanto tiempo las mujeres continúan luchando por sus derechos. 

Lo que se recuerda cada 8 de marzo es la muerte de 146 mujeres trabajadoras. Ellas fallecieron cuando pudieron haberse salvado si es que hubieran sido tratadas de manera igualitaria. Un incendió se las llevó de este mundo. 

Eso hizo que en todas partes se levantara gente para exigir un cambio. Las cosas a no podían seguir como estaban. Había que obtener justicia en la vida conyugal, en el trabajo y en el ámbito de los derechos civiles. 

 146 mujeres muertas en la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York 

La tragedia sucedió en una fábrica de camisas ubicada en Nueva York, el 25 de marzo de 1911. Este fue uno de los mayores desastres industriales en toda la historia de Estados Unidos. Las trabajadoras textiles fallecieron debido a las quemaduras, los derrumbes y la inhalación de humo; otras se suicidaron al no ver escapatoria. 

Gran parte de las empleadas eran inmigrantes jóvenes que rondaban los 20 años de edad. Las muertes se produjeron porque las trabajadoras no pudieron salir del edificio en llamas. Los dueños de la fábrica habían cerrado las puertas de las escaleras y sellado las salidas para evitar robos. 

Este desastre hizo que se produjeran cambios legislativos importantes en temas laborales y provocó la creación del Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Textiles. 

El incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist, es lo principal que se recuerda los 8 de marzo, por lo que es más una razón para seguir luchando que para celebrar. 



 En 1909, un 28 de febrero, se celebró por primera vez en EE.UU. el Día de las Mujeres Socialistas. Luego en agosto de 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas (en Copenhage), se reiteró la demanda por el sufragio universal para todas las mujeres. 
Luise Zietz y Clara Zetkin fueron las principales impulsoras. Esto quedaría fijado en el evento y se establecería el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

 Zetkin elaboró una propuesta que fue respaldada por más de 100 mujeres de 17 países que asistían a la conferencia. Con esto se pretendía avanzar en la igualdad de derechos y en el sufragio universal. En 1911 se lleva a cabo la primera celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora 



 De 1922 a 1975 se institucionaliza el Día Internacional de la Mujer La gran feminista Alexandra Kollontai, quien siendo Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública logró el voto para la mujer, la legalidad del aborto y el divorcio, consiguió que el 8 de marzo se estableciera la fiesta oficial. Ese día era laborable, sin embargo, en 1965 por decreto de Sóviet Supremo de la Unión Soviética, se declaró no laborable. 

El hecho comenzó a conmemorarse en todo el mundo. China lo celebra desde 1922 y España desde 1936. 

 En 1975 la ONU comenzó a celebrar el Día Internacional de la Mujer Y dos años más tarde, la Asamblea General de la ONU fijó el 8 de marzo como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. 

Esto hizo que otros países pusieran este día oficialmente en sus calendarios. En el 2011 se celebró el Centenario del Día Internacional de la Mujer En ese año también comenzó a funcionar la entidad de la ONU referida a la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer. 

 Tras haber conocido los hechos históricos, uno se puede dar cuenta de que los logros han sido fruto del trabajo de mujeres que se sacrificaron por la causa. Sin embargo, todavía no se ha alcanzado totalmente la igualdad de género. 

Queda mucho por trabajar y sólo se conseguirá si es que hombres y mujeres de todo el mundo se comprometen con el progreso y la justicia. Todos pueden luchar para que esto suceda. 

Y los 8 de marzo son una ocasión para recordarlo.

Publicado por Ignacio Mardones 8 Marzo, 2016 

viernes, 3 de marzo de 2017

Carmen de Burgos

Carmen de Burgos, la escritora y activista que Franco borró de la historia POR MAR ABAD

—No seas tonta, Dolores, y no te abatas así —solía decirle—. Yo comprendo que es triste que tu marido no te atienda como tú te mereces y ande por ahí con querindangas. Pero no sabes tú lo que hacen otros. Después de todo nada te falta en tu casa, y no se mete contigo. Créete que lloras sólo con un ojo.
Dolores asentía. ¿A qué quejarse? No pudiendo ser dichosa se conformaba con verse libre de las caricias de su marido. Era aquello lo que buscaba con el divorcio. Le bastaba con poseer el dominio de su cuerpo, con no tener que envilecerse en una unión sin amor; con no verse obligada a cumplir aquella obligación que las damas devotas llamaban el débito conyugal.
Era aquello la mayor monstruosidad con que emporcaba el matrimonio. Al verse libre de ella, pensaba en que verdaderamente era feliz.
(La malcasada, Carmen de Burgos)


El matrimonio durante mucho tiempo fue una jaula con un trapo encima. Lo que ahí pasaba ahí quedaba. Podían ser caricias o, también, gritos y palos. Huir no era mucho mejor. Detrás de los barrotes esperaban, casi siempre, la pobreza y el rechazo. Aun así, algunas mujeres escaparon. Muy pocas. Una de ellas, Carmen de Burgos, no sólo abandonó a un marido áspero y mujeriego. A principios del siglo XX esta almeriense emprendió la primera campaña en prensa a favor del divorcio y luchó durante décadas por el sufragio femenino y la independencia de la mujer.
Carmen de Burgos fue la primera periodista española que trabajó en una redacción y la primera corresponsal de guerra de este país. Escribió más de cien relatos cortos y novelas largas, redactó miles de artículos, dio conferencias por varios países y dejó su último aliento en convertir España en una república democrática, progresista y afanada en educar a sus habitantes.
Colombine, como también la llamaban, fue una de las escritoras y defensoras de los derechos de la mujer más reconocidas y admiradas en las primeras décadas del XX. España quedó pequeña a su fama y en su madurez fue aclamada en Europa y América Latina. Era una de las pocas mujeres de referencia de principios del siglo XX, junto a Emilia Pardo BazánClara Campoamor o Victoria Kent. Pero ¿qué ocurrió para que su nombre fuera borrado de la historia con esa precisión quirúrgica?


L
La malcasada
Carmen de Burgos Seguí (1867-1932) era una mujer hermosa. Tenía los rizos vigorosos y los ojos negros de la belleza andaluza. Era recia y elegante. De naturaleza volcánica, como dijo Ramón Gómez de la Serna. Quizá porque creció en un antiguo cráter de un volcán: el valle de Rodalquilar.
Un día, cuando aún era adolescente, un periodista de Almería llamado Arturo Álvarez Bustos le dedicó un poema de amor. Y no paró hasta que la conquistó. Fue «un episodio de ingrato recuerdo», comentó en una entrevista en La Esfera, a los 55 años. «Lo motivó la equivocación más grande de mi vida. Mi rebeldía me llevó a casarme, contra la voluntad paterna».
La tragedia empezó la propia noche de bodas. La almeriense sufrió el mismo trauma que Sissi Emperatriz, una adolescente alemana de 16 años que llegó a la alcoba con Francisco José de Habsburgo sin que nadie le advirtiera antes que los hijos, en realidad, no vienen de París. En su novela La malcasada (1923), que de forma velada se basa en sus recuerdos, Colombine escribió:
«No encontró en la brusquedad del deseo de Antonio la dulce ternura y la suave caricia que había esperado. No podía olvidar la sensación de miedo que sintió, el deseo de huir y cómo tuvo que replegarse y que esconderse en sí misma ante la ruda acometividad de su marido, que no se preocupó para nada de su pudor alarmado ni de su espíritu».

Arturo Álvarez vivía en las tabernas. Colombine lo dejó entrever en aquella novela: «Pues también es humor estar aquí sola toda la noche, cuando tu marido sabe Dios a qué hora vendrá. (…) Me figuro lo que deben ser esas cosas, aunque he tenido la suerte de no casarme. ¡Qué hombres! El mejor, asadito y con limón».
Ella, mientras, se afanaba en la aspiración de toda mujer de bien: llenar su hogar de vástagos. Pero el destino jugaba en contra. El primer bebé falleció trece horas después de nacer, la segunda a los dos días y el tercero a los ocho meses. Igual que le ocurrió a Mary Shelley (1797-1851), la autora de Frankenstein o el moderno Prometeo, Carmen de Burgos asistió a la muerte de sus tres primeros hijos y entonces, en cierto modo, ella también murió. El escritor Ramón Gómez de la Serna lo contó así años después:
«Hasta que un día a Carmen se la [sic] murió un hijo “en los brazos, sin saber que se la moría, porque como tenía la fiebre, confió en aquel ardor, hasta que se lo quitaron de entre los brazos”. Carmen, cuando sintió que se lo quitaban y el porqué se lo quitaban, cerró los ojos presa de un ataque a la cabeza. Cuando despertó, cuando “remitió” la muerte, era otra, es decir, era la misma, sino que resuelta, llena de insubordinación, con un habla nueva y desatada, extraña a las cosas de su alrededor, combativa y libertada».
La periodista renació con una vitalidad inexplicable. Parecía que algún Victor Frankenstein había recompuesto ese cuerpo roto de dolor en un ser con el mismo deseo de amar que la criatura que diseñó en su laboratorio el científico de la novela de Mary Shelley.
A las dos escritoras la ansiada descendencia llegó después del cuarto parto. En 1895 nació la única hija que sobrevivió a la almeriense. La escritora amó y cuidó a María de los Dolores Ramona Isabel como lo más grande de su vida. Decía que, de todo lo que hizo en su vida, ella era su «obra maestra». Aunque María Álvarez de Burgos (como se conoció después), a los 34 años, perdida entre la cocaína y los desastres amorosos, asestara un último estoque al corazón vapuleado de su madre.
Harta de un marido infame, a finales de agosto de 1901, Carmen de Burgos Seguí metió sus cosas en una maleta y se fue a Madrid. Llegó con su hija y un título de maestra que había sacado, estudiando por las noches, a escondidas de su esposo. Tenía 33 años y una plaza en un colegio de Guadalajara, pero lo que de verdad quería era vivir en Madrid, porque su ambición ya no era formar una familia numerosa. Ansiaba trabajar en periódicos y entrar en los círculos intelectuales y de escritores de la época. Probablemente, igual que la protagonista de su novela La que se casó muy niña (1923), «experimentaba repugnancia por el marido» y decidió:
—«Yo no quiero tener más hijos».
En Madrid, un tío suyo «senador del Reino», Agustín de Burgos, le abrió las puertas de su hogar y le presentó a algunos de sus contactos. Un año antes, la escritora le había dedicado su primer libro de relatos breves, Ensayos literarios. Era 1900 y muchos hombres veían con sorpresa, y un cierto desagrado, que una mujer saliera de la cocina para emprender una carrera literaria. En el prólogo, el conocido poeta almeriense Antonio Ledesma Hernández declaró que las mujeres podían participar del pensamiento y el conocimiento, pero siempre dentro de un orden:
«De eso al feminismo exagerado que se ha despertado en nuestros días, hay ciertamente gran distancia: (…) esa promiscuidad feminista que, no haciendo diferencia entre la distinta misión moral y social de ambos sexos, pretende igualarlos en actividades y derechos, y crear una sociedad histórica donde no haya preeminencias para ninguno, ni autoridad, ni por consiguiente familia ni Estado posibles».
Ese ‘feminismo exagerado’ que llevaría al caos y la destrucción era, en realidad, manso y dócil. Hay que «procurar librarse del egoísmo y anteponer las conveniencias de los demás a las propias, para no hacer nada que disguste a los otros», escribió la autora en El arte de ser mujer (1920).
Era un feminismo conciliador que jamás intentó hincar el diente a nadie. «No es la lucha de sexos, ni la enemistad con el hombre», explicó en La mujer moderna y sus derechos (1927), «sino que la mujer desea colaborar con él y trabajar a su lado».
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Carmen de Burgos
Sus exigencias quedaban muy lejos de las reivindicaciones que pedían 4.000 kilómetros hacia el este: las líderes de la revolución rusa. La primera mujer de la historia que tuvo un puesto en un gobierno, Alejandra Kolontai (1872-1952), pedía que el Estado se ocupara del cuidado del hogar y de la crianza de los hijos para que las mujeres pudieran desarrollar una carrera profesional y participar en la vida política y social igual que lo hacían los hombres.
La Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública de los primeros años de la URSS promulgaba que en el siglo XX había nacido una ‘mujer nueva’ que exigía su independencia porque «sus intereses sobrepasan ampliamente los límites de la familia, el hogar y el amor». En Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada y otros textos sobre el amor, escribió:
«Las virtudes femeninas que durante siglos se han cultivado en ella —pasividad, sumisión, dulzura— se revelan enteramente superfluas, inservibles, perjudiciales. La severa realidad exige otras virtudes: actividad, firmeza, decisión, dureza, es decir, “virtudes” que hasta hoy se han tenido por propiedad exclusiva del hombre».
Carmen de Burgos se estableció en calle Echegaray, número 10, hasta que poco después abandonó la casa huyendo otra vez de un hombre. Don Agustín de Burgos se acercaba a ella reclamando unos besos que poco tenían que ver con el cariño entre dos familiares. No era raro. Los varones de esa época pensaban que una mujer sin marido era barra libre, igual que hoy muchos creen que porque una mujer dirija un programa de sexo en la radio, está a disposición del público.

«La divorciadora»

Carmen de Burgos consiguió su objetivo y se quedó en Madrid. En octubre de 1901 obtuvo una autorizaron para ampliar estudios en el Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos de Madrid, y eso le permitió permanecer en la ciudad hasta 1905. Dos años antes había empezado a escribir en el Diario Universal una columna diaria titulada ‘Lecturas para la mujer’. Ahí hablaba de moda y de modales, pero, a la vez, iba deslizando las ideas liberalizadoras que veía en otros países de Europa.
En 1901, Pío BarojaRamiro de Maeztu y Azorín pidieron la aprobación del divorcio, pero la propuesta naufragó en un país regido por curas. En 1904, Colombine lo volvió a intentar. La periodista aprovechó que su columna tenía muchos lectores, de los sectores más conservadores y más progresistas, para plantear la cuestión del divorcio. El 20 de diciembre de 1903, en su columna, añadió una noticia que decía:
«Me aseguran que muy en breve se fundará en Madrid un ‘Club de matrimonios mal avenidos’, con objeto de exponer sus quejas y estudiar el problema en todos sus aspectos, redactando las bases de una ley de divorcio que se proponen presentar en las Cámaras».
La idea armó un gran revuelo y trece días más tarde escribió en su columna: «La noticia del Club de matrimonios mal avenidos ha desencadenado una tempestad no solo entre las señoras, sino también entre los hombres».
Colombine fue publicando las cartas que recibía de los lectores, los intelectuales y los cargos públicos sobre el divorcio, y en marzo anunció que el debate continuaría en un libro titulado El divorcio en España. Aquella obra recogió la opinión de Unamuno, Baroja, Azorín, Vicente Blasco Ibáñez, Antonio Maura, Francisco Silvela o Raimundo Fernández Villaverde.

El sufragio femenino

Decía Colombine que siempre había que tener la maleta preparada. La escritora deseaba viajar y conocer otros lugares donde no pesara la mantilla sobre la cabeza de las mujeres. En 1905 el Ministerio de Instrucción Pública le concedió una beca para estudiar los sistemas de enseñanza de otros países. Carmen de Burgos agarró a su hija y una valija llena de libros, y se lanzó al descubrimiento de Francia, Italia y Mónaco.
El país de Émile Zola, una de sus grandes referencias literarias, provocó un gran impacto en la maestra. Había que aprender del racionalismo de Francia. Era algo en lo que siempre había creído y la visita reafirmó su idea: sin educación, un país es una jungla. En la Memoria correspondiente al curso de ampliación de Estudios en el Extranjero realizados por la autora desde 1º de octubre de 1905 a 30 de septiembre de 1906, escribió: «Allí no solo no existe el analfabetismo, sino que todo el mundo es profesor o alumno, enseña o aprende. La frase célebre de que ‘cada escuela que se abre cierra una prisión a los veinte años’ es allí un hecho».
En 1906 volvió a Madrid y se estableció en la calle Eguilaz, número 7, cerca de la Glorieta de Bilbao. De su paso por Francia había traído un propósito que ya no abandonaría el resto de su vida. Carmen de Burgos estaba convencida de que había llegado el momento de que las mujeres pudieran votar y no pararía hasta conseguirlo.
Dos años después de sacar a escena el tema del divorcio, Carmen de Burgos se propuso azotar la opinión pública con una campaña en prensa a favor del sufragio femenino. El 19 de octubre de 1906 inauguró una columna titulada ‘El voto de la mujer’. La periodista volvió a hacer una consulta entre firmas de prestigio para publicar sus respuestas con esta carta:
Muy Sr. mío y de mi consideración:
En el Heraldo del día 19, se ha abierto un plebiscito cuya finalidad consiste en conocer la opinión que merece a todas las personas autorizadas la cuestión del voto de la mujer, planteándolo con la mayor amplitud posible.
1º ¿Debe o no, concederse voto a las mujeres? 2º En caso afirmativo, ¿ha de ser en sufragio universal, o solo para las que reúnan determinadas condiciones? 3º ¿La mujer puede ser además de electora, elegible?

Las represalias

Las mujeres que desafiaban la tradición resultaban molestas. No sólo para los hombres. A menudo, lo eran más aún para otras mujeres. En 1915, Emilia Pardo Bazán, que se declaraba «radical feminista» porque creía que «todos los derechos que tiene el hombre debe tenerlos la mujer», indicó en una entrevista con el Caballero Audaz: «Tengo la evidencia de que si se hiciese un plebiscito para decidir ahorcarme o no, la mayoría de las mujeres españolas votarían que ¡sí!».
En enero de 1918 aprobaron en Inglaterra la Ley de Representación del Pueblo. Las mujeres por fin podían votar. Aunque no todas. Esa primera ley concedía el voto a esposas de los propietarios, mujeres propietarias y universitarias de más de 30 años. Y había llegado muchos años después que en algunas de sus antiguas colonias: Nueva Zelanda lo aprobó en 1893 y Australia, en 1902. También después que en Finlandia (1906), Noruega (1913), Dinamarca e Islandia (1915), y sólo un año antes que en Alemania.
La sociedad victoriana intentó impedir que las mujeres fueran a las urnas. Pero fue un hombre, John Stuart Mill, quien desafió por primera vez esa idea. En 1867 propuso en el Parlamento una reforma electoral para eliminar la exclusión por sexo. Perdió por 123 votos. Pero la ambición fue creciendo, entre reivindicaciones y protestas, hasta aquel invierno de 1918. Y no fue tanto una conquista social como una consecuencia de la guerra.
La I Guerra Mundial, la contienda más catastrófica que había vivido el mundo hasta entonces, había dejado al Reino Unido sin electorado. Los hombres estaban en las trincheras y muchos de ellos no volverían jamás. Además, durante los años de batalla, las mujeres ocuparon los puestos que ellos dejaron para irse al frente y habían dejado claro que no necesitaban a ningún varón para custodiar su destino.
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Mujeres trabajando en una fábrica de armas de París en 1916
España, en cambio, parecía congelada en el tiempo hasta que el 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República. Colombine tenía 64 años y una salud hecha añicos, pero aún le quedaban fuerzas para lanzar una nueva campaña que exigía el derecho al voto de la mujer.
Entonces era ‘presidente’ general de la Cruzada de Mujeres Españolas y de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Iberoamericanas. La palabra ‘presidenta’ no existía. Igual que hoy no es posible presentarse como ‘escritora’ o ‘realizadora’ en la red social más usada en el mundo. Lo denunció la escritora Ángeles Caso en una conferencia sobre BookTubers el pasado mes de abril. «Fui a abrirme un perfil en Facebook y sólo tenía la posibilidad de calificarme como ‘escritor’. No veía eso de: “Ángeles Caso: escritor” y decidí que apareciera: “Ángeles Caso: libro”».
Daba la sensación de que, con la llegada de la república, el voto estaba a la vuelta de la esquina. Pero la opinión de las feministas se había dividido en dos. Algunas, como Victoria Kent, lo temía. Pensaban que la papeleta de la mayoría de las mujeres obedecerían las órdenes de sus sacerdotes. «En este momento lo estimo un poco peligroso», dijo la radical socialista en una entrevista con Josefina Carabias en el periódico Ahora en noviembre de 1931. «La prueba la tiene usted en que las derechas están encantadas de que voten las mujeres. Esas mismas derechas se oponían al sufragio universal en tiempos, alegando que la masa no estaba preparada».
Otras, en cambio, como Colombine o Clara Campoamor, lo querían a toda costa. La periodista almeriense escribió en La mujer en política:
«Hace años en una encuesta que organicé en el Heraldo respecto al voto femenino, me contestó el señor Lerroux en carta que conservo, que ese temor al reaccionarismo de la mujer era injustificado, pero que aunque dicho peligro existiera, no debíamos oponernos a la libertad en nombre de la libertad».
El 19 de noviembre de 1933 las mujeres votaron por primera vez en España.

La república

El 14 de abril de 1931 se proclamó la segunda república española. Era el fin de la ‘dictablanda’ de Miguel Primo de Rivera y de la monarquía borbónica. Las elecciones del día anterior mostraron que las grandes capitales del país no querían un rey. Los lacayos de Alfonso XIII tuvieron que preparar sus maletas urgentemente. «Has de salir del país antes de que se ponga el sol», le advirtió Niceto Alcalá-Zamora, en nombre del Comité Revolucionario.
La nueva Constitución proclamó España como «una república de trabajadores de toda clase». El país se hizo laico y Colombine vio por fin sus sueños cumplidos. La carta magna reconoció el matrimonio civil, el divorcio y el voto femenino. «Creo que el porvenir nos pertenece», escribió en la revista Mujer el 27 de junio de ese año.
Había pasado meses retirada de la vida pública, escribiendo relatos, entre las sombras de su dolor. La república, al fin, la sacó de casa. Se afilió al Partido Republicano Radical Socialista y en la formación querían que se presentara como candidata a diputada en las elecciones de 1933. Era ‘presidente‘ general de la Cruzada de Mujeres Españolas y de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Iberoamericanas. La eligieron ‘vicepresidente primero’ de la Izquierda Republicana Anticlerical, una agrupación que seis días después de publicar su manifiesto, reunió a 10.000 personas.
Su tiempo pasaba entre la actividad frenética de los mítines y el descanso que le exigía su corazón. Apuraba sus energía para seguir con sus campañas. Esta vez, contra la pena de muerte y la prostitución. «Me cogió un vértigo de trabajo. No quise confesar que mi salud está delicada, lo llevé todo a cabo y me puse a morir», escribió a su amiga Ana de Castro, a mediados de noviembre. «Por fortuna tengo una naturaleza fuerte y una semana a leche, y con reposo absoluto, me han puesto bien. (…) Era un esfuerzo necesario. Ya podremos ir más despacio. Se necesitaba escalar la fortaleza y ganar el tiempo que había perdido con mi alejamiento de todo».
Antes del fin de 1931, en noviembre, ingresó en la masonería. Carmen de Burgos fundó la logia Amor y le otorgaron el grado de máxima autoridad, Gran Maestre, después de casi 20 años de excelente relación con esta organización donde se hermanaban los grandes intelectuales de la época.
En marzo de 1932 publicó Guiones del destino. Lina, la protagonista, «avanzó hacia el público, saludando y enviando puñados de besos que parecían materializarse y volar sobre los espectadores». De pronto, estalló un «grito de inmenso horror exhalado por el público. El telón bajaba rápidamente sobre Lina, que no se apartaba. Por pronto que quisieron acudir espectadores y empleados en su ayuda, llegaron demasiado tarde. El enorme telón había aplastado a la actriz. La mitad de su cuerpo quedaba a la vista del público, descansando entre las flores, frescas y olorosas, que le acababan de arrojar».
Colombine, de algún modo, estaba anunciando su propia muerte. Ocurrió siete meses después. La tarde del sábado 8 de octubre de 1932 la escritora acudió a la sede del Círculo Radical Socialista para participar en una mesa redonda sobre educación sexual. Quería acabar con esa imagen pecaminosa que los clérigos daban al amor dentro de la alcoba. «En las bodas del futuro», indicó, «al tomarse los dichos, deberá acudir el médico en vez del confesor».
Pero, de pronto, empezó a sentirse mal. Muy mal. Exhausta. En la sala había dos médicos y también llamaron a su amigo y doctor Gregorio Marañón. «Una vez los tres médicos reunidos se procedió a hacer una sangría y a la inyección de varias ampollas de aceite alcanforado. Sin embargo, la ilustre escritora continuaba empeorando», escribieron al día siguiente en el periódico El Sol. «A pesar de su estado, conservaba la serenidad. Sin perder energía pronunció estas palabras: “Muero contenta, porque muero republicana. ¡Viva la República! Les ruego a ustedes que digan conmigo: ¡Viva la República! (…) Se avisó a una ambulancia que trasladó a doña Carmen de Burgos a su domicilio donde falleció a las dos de la madrugada».
Enterraron a Colombine en el Cementerio Civil de Madrid, un día de lluvia fina. En la comitiva estaban los principales políticos e intelectuales de entonces. La noticia apareció en decenas de medios internacionales. Hubo varios homenajes en su honor y muchos intelectuales, entre ellos, Clara Campoamor, pidieron que Madrid diera su nombre a una calle.
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Carmen participa en una conferencia contra la pena de muerte de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Iberoamericanas
La escritora no pudo ver que, en realidad, el porvenir no les pertenecía. Había sido un espejismo que acabó a balazos, en una guerra civil y una dictadura nacionalcatólica. El fin de la república fue también el fin de su memoria. El general Franco incluyó su nombre en la lista de autores prohibidos junto a Zola, Voltaire o Rousseau. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y las librerías.